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| Evelyn Matthei (Alianza) y Michelle Bachelet (Nueva Mayoría) son las candidatas a la presidencia de Chile en segunda vuelta. Foto: Michelle Bachelet / Wikimedia Commons |
En la entrada anterior, analizábamos los efectos del sistema binominal, una fórmula mayoritaria que potencia un bipartidismo feroz y equilibrado. Sin embargo, si observamos la composición de la Cámara de los Diputados, podemos hallar hasta ocho partidos con representación parlamentaria, y el más grande no ocupa ni una cuarta parte de los asientos.
El sistema de partidos y coaliciones
El modelo chileno es una prueba
de que un sistema electoral mayoritario no implica necesariamente la
concentración del poder en pocos partidos. Lo que hace esto posible es la
capacidad de los partidos chilenos para formar grandes coaliciones con listas
comunes antes de presentarse a las elecciones. Este sistema garantiza la
existencia de una pluralidad de opciones políticas, sin comprometer excesivamente
la estabilidad del país, al estar obligadas estos partidos a negociar entre
ellas y a compartir estructuras comunes dentro de una misma plataforma. Sin
embargo, la fragmentación final también obliga al presidente del país a un
diálogo constante para mantener el equilibrio entre las fuerzas de su coalición
y evitar las luchas internas.


